LIBRETO - SANTA MISA CON RITO DE ORDENACION PRESBITERAL 02/08/2026

 SANTA MISA SOLEMNE

Con Rito de Ordenación Presbiteral 


Del Rev. Diacono. Eliseo Beleño Guerrero

Del Rev. Diacono. Santiago Jesus Mendoza Fermín

Del Rev. Diacono. Kevin Alberto Ramos Vela 

PRESIDE:
EMMO. SR. MONS. ADRIAN CARD. ALDANA
ARZOBISPO METROPOLITANO


SANTA IGLESIA CATEDRAL
Arquidiócesis de Nuestra 
Señora de Guadalupe

Domingo 02 de agosto de 2026

RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA

El Cardenal:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.

 El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, este con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.


ACTO PENITENCIAL

El Cradenal:
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

Pausa de silencio.

todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

El Cardenal:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén. 

KYRIE
Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Cristo, ten piedad.
CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.

Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.


GLORIA
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso Señor,
Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.

ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Cardenal, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el Cardenal, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Dios y Padre nuestro que para guiar y gobernar a tu pueblo has querido servirte del ministerio de los sacerdotes, concede a estos diaconos de iglesia que ahs elegido hoy para el presbiterado perseverar al servicio de tu voluntad para que, en su ministerio y en su vida busquen solamente tu gloria, unidos siempre a Cristo.
El, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA

Tu irás adonde yo te envíe

Lectura del libro del profeta Jeremías (Jeremías 1, 4-9)

La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
«Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones.» 
Yo respondí: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven.» 
El Señor me dijo: «No digas: "Soy demasiado joven", porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor.» 
El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca.» 
 
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
SALMO Dn 3, 52-56

℟.  Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad por todas las edades. 

Sellé una alianza con mi elegido jurando a David mi servidor, le fundaré un linaje que no terminará, tu trono mantendré eternamente. Encontré a David mi siervo y con óleo sagrado lo ungí, para que mi mano siempre permanezca con él y mi brazo lo haga valeroso. ℟.

Mi fidelidad y mi favor por siempre lo acompañarán y con mi nombre y mi gracia su poder crecerá, mantendré mi alianza eternamente. Él me invocará tu eres mi padre mi Dios mi roca salvadora y lo haré primogénito con todo el honor excelso entre los reyes de la tierra. ℟.


SEGUNDA LECTURA

Predicamos a Cristo Jesús, 
y nosotros no somos más que
los servidores de ustedes por amor de Jesús

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios (2 Cor 4, 1-2. 5-7)

Hermanos: 
Investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido con astucia o falsificando la Palabra de Dios. Por el contrario, manifestando abiertamente la verdad, nos recomendamos a nosotros mismos, delante de Dios, frente a toda conciencia humana. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús. Porque el mismo Dios que dijo: «Brille la luz en medio de las tinieblas», es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo. Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
 
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya, aleluya.
Io sono il buon pastore, dice il Signore, conosco le mie pecore e le mie pecore conoscono me 
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
(Jn 10, 11-16)

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.

Jesús dijo: 
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y la dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí - como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre - y doy mi vida por las ovejas. 
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.

℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

LITURGIA DE LA ORDENACIÓN

ELECCIÓN DE LOS CANDIDATOS

Comienza después la Ordenación de presbíteros. El Cardenal se acerca, si es necesario, a la sede preparada para la Ordenación, y se hace la presentación de los candidatos.
Elección de los candidatos.
Los ordenandos son llamados por el diácono de la forma siguiente:
Acérquense los que van a ser ordenados presbíteros.

E inmediatamente los nombra individualmente;

Eliseo Beleño Guerrero
Santiago Jesus Mendoza Fermín
Kevin Alberto Ramos Vela 

cada uno de los llamados dice:
Presente.

Y se acerca al Cardenal, a quien hace una reverencia.
Permaneciendo los ordenandos de pie ante el Cardenal, un presbítero designado por el Cardenal dice:
Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que ordenes presbíteros a este hermano nuestro.

El Obispo le pregunta:
¿Sabes si es digno?

Y él responde:
Según el parecer de quienes lo presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido considerados dignos.

El Obispo:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los presbíteros.

Todos dicen:
Te damos gracias, Señor.

HOMILIA
Momento de silencio para la reflexión personal.

PROMESA DE LOS ELEGIDOS
Después de la homilía, solamente los elegidos se levantan y se ponen de pie ante el Cardenal, quien los interroga, conjuntamente, con estas palabras:
Querido hijo: Antes de entrar en el Orden de los presbíteros es necesario que manifiesten ante el pueblo su decisión de recibir este ministerio.

¿Quieres desempeñar siempre el ministerio sacerdotal en el grado de presbíteros, como fieles colaboradores del Orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor bajo la guía del Espíritu Santo?

Los elegidos, todos a la vez, responden:
Sí, quiero.

El Cardenal:
¿Quieres desempeñar con dedicación y sabiduría el ministerio de la palabra en la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica?

Los elegidos:
Sí, quiero.

El Cardenal:
¿Quieres celebrar con piedad y fidelidad los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia?

Los elegidos:
Sí, quiero.

El Cardenal:
¿Quieres implorar, junto con nosotros, la misericordia divina a favor del pueblo que les sea confiado, cumpliendo así el mandato de orar continuamente?

Los elegidos:
Sí, quiero.

El Cardenal:
¿Quieres unirse cada día más estrechamente a Cristo, sumo Sacerdote, que por nosotros se entregó al Padre como víctima santa, ¿y consagrarse a Dios junto con él para la salvación de los hombres?

Los elegidos:
Sí, quiero, con la gracia de Dios.

En seguida, cada uno de los elegidos se acerca al Obispo y, de rodillas ante él, pone sus manos juntas entre las manos del Cardenal, a no ser que, según la Introducción General, n. 11, se hubiere establecido otra cosa.
El Cardenal pregunta al elegido, diciendo, si es su Ordinario:
¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores?

El elegido:
Sí, prometo.

Pero si el Obispo no es su Ordinario, dice:
¿Prometes obediencia y respeto a tu Obispo?

El elegido:
Sí, prometo.

Si el elegido es un religioso, el Obispo dice:
¿Prometes obediencia y respeto al Obispo diocesano y a tu Superior legítimo?

El elegido:
Sí, prometo.

El Cardenal concluye siempre:
Que Dios mismo lleve a término esta obra buena que en ti ha comenzado.

ORACIÓN LITÁNICA
A continuación, todos se levantan. 
El Carddenal, dejando la mitra, de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, hace la invitación: 
Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que derrame generosamente sus dones sobre estos elegidos para el ministerio de los presbíteros. 

Entonces, los elegidos se postran en tierra, y se cantan las letanías; todos responden. En los domingos y durante el Tiempo pascual, se hace estando todos de pie, y en los demás días, de rodillas, en cuyo caso el diácono dice:
Nos ponemos de rodillas. 

Concluido el canto de las letanías, el Cardenal, de pie, y con las manos extendidas, dice:
Señor, Dios nuestro, escúchanos y derrama sobre estos siervos tuyos tu Espíritu Santo y la gracia sacerdotal; concede la abundancia de tus bienes a quienes consagramos en tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. 
℟. Amén. 

El diácono, si el caso lo requiere, dice: 
Nos ponemos de pie. 

Y todos se ponen de pie.

Imposición de las manos y Plegaria de Ordenación
Los elegidos se levantan; se acerca cada uno al Cardenal, que está de pie delante de la sede y con mitra, y se arrodilla ante él.

El Cardenal impone en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos. Después de la imposición de las manos del Cardenal, todos los presbíteros presentes, revestidos de estola, imponen igualmente en silencio las manos sobre cada uno de los elegidos.

Después de dicha imposición de manos, los presbíteros permanecen junto al Obispo hasta que se haya concluido la Plegaria de Ordenación, pero de modo que el rito pueda ser bien visto por los fieles.

Estando todos los elegidos arrodillados ante él, el Cardenal, sin mitra, con las manos extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:

Asístenos, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, autor de la dignidad humana y dispensador de todo don y gracia; por ti progresan tus criaturas y por ti se consolidan todas las cosas. Para formar el pueblo sacerdotal, tú dispones con la fuerza del Espíritu Santo en órdenes diversos a los ministros de tu Hijo Jesucristo.

Ya en la primera Alianza aumentaron los oficios, instituidos con signos sagrados. Cuando pusiste a Moisés y Aarón al frente de tu pueblo, para gobernarlo y santificarlo, les elegiste colaboradores, subordinados en orden y dignidad, que les acompañaran y secundaran.

Así, en el desierto, diste parte del espíritu de Moisés, comunicándolo a los setenta varones prudentes, con los cuales gobernó más fácilmente a tu pueblo.

Así también hiciste partícipes a los hijos de Aarón de la abundante plenitud otorgada a su padre para que un número suficiente de sacerdotes ofreciera, según la ley, los sacrificios, sombra de los bienes futuros.

Finalmente, cuando llegó la plenitud de los tiempos, enviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, Jesús, Apóstol y Pontífice de la fe que profesamos. Él, movido por el Espíritu Santo, se ofreció a ti como sacrificio sin mancha, y habiendo consagrado a los apóstoles con la verdad, los hizo partícipes de su misión; a ellos, a su vez, les diste colaboradores para anunciar y realizar por el mundo entero la obra de la salvación.

También ahora, Señor, te pedimos nos concedas, como ayuda a nuestra limitación, estos colaboradores que necesitamos para ejercer el sacerdocio apostólico.

TE PEDIMOS, PADRE TODOPODEROSO, 
QUE CONFIERAS A ESTOS SIERVOS TUYOS 
LA DIGNIDAD DEL PRESBITERADO; 
RENUEVA EN SUS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SANTIDAD;
RECIBAN DE TI EL SEGUNDO GRADO DEL MINISTERIO SACERDOTAL 
Y SEAN, CON SU CONDUCTA, EJEMPLO DE VIDA.

Sean honrados colaboradores del Orden de los Obispos, para que, por su predicación,
y con la gracia del Espíritu Santo, la palabra del Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres, y llegue hasta los confines del orbe.

Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios, para que tu pueblo se renueve
con el baño del nuevo nacimiento, y se alimente de tu altar para que los pecados sean reconciliados y sean confortados los enfermos.

Que, en comunión con nosotros, Señor, imploren tu misericordia por el pueblo que se les confía y en favor del mundo entero.

Así todas las naciones, congregadas en Cristo, formarán un único pueblo tuyo que alcanzará su plenitud en tu Reino.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Todos:
℟. Amén.

UNCIÓN DE LAS MANOS 
Y ENTREGA DEL PAN Y EL VINO
Concluida la Plegaria de Ordenación, se sientan todos. El Cardenal recibe la mitra. Los ordenados se levantan. Los presbíteros presentes vuelven a su puesto; pero algunos de ellos colocan a cada ordenado la estola al estilo presbiteral y le visten la casulla.

Luego, el Cardenal toma el gremial y, oportunamente informado el pueblo, unge con el sagrado crisma las palmas de las manos de cada ordenado, arrodillado ante él, diciendo:

Jesucristo, el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza del Espíritu Santo, te auxilie para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio.

A continuación, los fieles llevan el pan sobre la patena y el cáliz ya con el vino y el agua, para la celebración de la Misa. El diácono lo recibe y se lo entrega al Cardenal, quien a su vez lo pone en las manos de cada uno de los ordenados, arrodillados antes él, diciendo:

Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Advierte bien lo que vas a realizar, imita lo que tendrás en tus manos y configura toda tu vida con el misterio de la cruz del Señor.

Finalmente, el Cardenal da a cada uno de los ordenados el beso de paz, diciendo:
La paz sea contigo.

El ordenado responde:
Y con tu espíritu.

Prosigue la Misa como de costumbre. Si lo indican las rúbricas, se dice el Símbolo de la fe. Se omite la oración universal

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al Cardenal, a los con-celebrantes y al pueblo.

El Cardenal:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Señor, tú que has querido que los sacerdotes esten al servicio del altar y de tu pueblo concedeles, por la eficacia de este sacrificio que su ministerio te sea siempre grato y de frutos permanentes en tu iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén. 
 PREFACIO
El sacerdocio de Cristo y ministerio de los sacerdotes

℣. El Señor esté con ustedes. 
℟. Y con tu espiritu. 

℣. Levantemos el corazon.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 
℟. Es justo y necesario.

El Cardenal prosigue el prefacio, con las manos extendidas:  
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Ya que, por la unción del Espíritu Santo,
constituiste a tu Unigénito
Pontífice de la alianza nueva y eterna,
y, en tu designio salvífico, has querido
que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia.

En efecto, Cristo no sólo confiere
la dignidad del sacerdocio real
a todo su pueblo santo,
sino que, con especial predilección,
elige a algunos de entre los hermanos,
y mediante la imposición de las manos,
los hace partícipes de su ministerio de salvación,
a fin de que renueven, en su nombre,
el sacrificio redentor,
preparen para tus hijos el banquete pascual,
fomenten la caridad en tu pueblo santo,
lo alimenten con la Palabra
lo fortifiquen con los sacramentos,
y, consagrando su vida a ti
y a la salvación de sus hermanos,
se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo
y te den un constante testimonio
de fidelidad y de amor.

Por eso, Señor, con todos los angeles y los santos, te alabamos, cantando llenos de alegria:
Santo, Santo, Santo....

SANTO


PLEGARIA EUCARÍSTICA I O CANON ROMANO

El Cardenal:
Te pedimos, Padre misericordioso, humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
que aceptes y bendigas estos dones, estas ofrendas santas y puras,
que te ofrecemos ante todo por tu Iglesia santa y católica;
para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor, el Papa N.,
conmigo, tu indigno siervo, y todos los que fielmente cuidan de
 la fe católica y apostólica.

CONCELEBRANTE 1:
Acuérdate, Señor, de tus hijos.

Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.

Y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

CONCELEBRANTE 2:
Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.

El Cardenal continua: 
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores y de toda tu familia santa; te la ofrecemos tambien por tus hijos que han sido llamados al Orden de los presbiteros conserva en ellos tus dones para que fructifique lo que han recibido de tu bondad.

El Cardenal y los concelebrantes extienden las manos sobre las ofrendas, y dice: 
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

Él mismo, la víspera de su Pasión,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice: 
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió
℟. Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después el Cardenal, con las manos extendidas, dice: 
Por eso, Padre, nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa
resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

El Cardenal se inclina un poco y dice:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición

CONCELEBRANTE 3: 
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.

CONCELEBRANTE 4: 
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,

que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,
Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.

El Cardenal:
Por Cristo, Señor nuestro.
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
℟. Amén.  


RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Cardenal, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación y siguiendo sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Cardenal, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el Cardenal, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El Cardenal, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, el diácono añade: 
Dense fraternalmente la paz.


CORDERO DE DIOS
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz, Danos la Paz, danos la paz

El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

CANTO DE COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en la sede, el Cardenal, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Cardenal, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Cardenal, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Que este sacrificio eucaristico que te hemos ofrecido
y del cual hemos participado santifique, Señor a tus sacerdotes y a todos tus fieles, 
para que unidos a ti por un amor constante puedan servirte dignamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

PALABRAS DEL PRESBITERO NUEVO

BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Cardenal, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 
 
Que Dios, que dirige y gobierna la iglesia
los proteja continuamente con gracia
a fin de que cumplan fielmente el ministerio presbiteral.
R.Amen.

Que él los haga en el mundo servidores y testigos
de la verdad y del amor divino 
y ministros fieles de la reconciliación
R.Amen.

Que los haga verdaderos pastores 
que distribuyan a los fieles
la Palabra de la vida y el Pan vivo,
para que crezcan en la unidad del cuerpo de Cristo.
R.Amen.

Y a todos ustedes, los aquí presentes,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo , y Espíritu Santo.
R.Amen.
Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz, esta misa ha terminado
℟. Demos gracias a Dios.

Después el Cardenal venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.

ANTÍFONA MARIANA



CANTO DE SALIDA










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