LIBRETO
MISA SOLEMNE INICIO DE VISITA APOSTOLICA
XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
PRESIDIDA POR S.S INOCENCIO
INSIGNE NACIONAL BASILICA DE GUADALUPE
RITOS INICIALES
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El Santo Padre:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Pausa de silencio.
todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
El Santo Padre:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
SEÑOR TEN PIEDAD
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
℟. Amen.
ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Santo Padre, con las manos juntas, dice:
Oremos
Señor Dios, que has hecho del amor a ti y a los hermanos la plenitud de todo lo mandado en tu santa ley, concédenos que, cumpliendo tus mandamientos, merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Is 55, 6-9)
“Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes”
Del libro del profeta Isaías.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Salmo 144)
℟. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte.
Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su grandeza incalculable. ℟.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas. ℟.
Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejosde aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(Flp 1 20-24. 27a)
“Para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.”
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses
Hermanos: Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte, Cristo será glorificado en mí. Porque para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabría yo qué elegir. Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte, el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer en vida, porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a ustedes toca, lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya, aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
(Mt 20, 1-16a)
“¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
✠ Del Santo Evangelio según san Mateo
℟. Gloria a ti, señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‹Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo›. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.
Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‹¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?› Ellos le respondieron: ‹Porque nadie nos ha contratado›. Él les dijo: ‹Vayan también ustedes a mi viña›.
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‹Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros›. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‹Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor›.
Pero él respondió a uno de ellos: ‹Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?› De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos»
℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
HOMILIA
Momento de silencio para la reflexión personal.
CREDO
Creo en un solo Dios; Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Hermanos, reunidos en torno a la mesa del Señor, y confiando en la intercesión maternal de Santa María de Guadalupe, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre. A cada intención respondemos:
•Por el Santo Padre Inocencio, peregrino de fe entre nosotros, para que el Señor lo sostenga con su gracia, lo colme de sabiduría y fortaleza, y haga fecundo su ministerio apostólico; que su palabra y testimonio renueven en nuestra Arquidiócesis el amor a la Iglesia y el compromiso con el Evangelio. Roguemos al Señor. ℟
•Por los obispos, sacerdotes, diáconos y consagrados, para que, a ejemplo de la Virgen de Guadalupe, sean pastores cercanos, misericordiosos y entregados; y conduzcan al pueblo de Dios con fidelidad, humildad y ardor misionero. Roguemos al Señor. ℟
•Por los pobres, los enfermos, los migrantes, los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, y por todos aquellos que han perdido la esperanza, para que experimenten el consuelo de Dios y la cercanía amorosa de María, Madre que nunca abandona a sus hijos. Roguemos al Señor. ℟
• Por nosotros, aquí reunidos en torno al altar del Señor, para que, contemplando a Santa María de Guadalupe, aprendamos a escuchar la voz de Dios, a acoger su voluntad con fe y a servir con amor generoso a nuestros hermanos, siendo verdaderos discípulos misioneros. Roguemos al Señor. ℟
Santo Padre: Dios Padre misericordioso, que nos has dado a la Virgen de Guadalupe como Madre y protectora, escucha nuestras oraciones y concédenos lo que con fe te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. ℟.Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
CANTO DE OFERTORIO
Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al Santo Padre, a los con-celebrantes y al pueblo.
El Santo Padre:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Santo Padre, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:
Acepta benignamente, Señor, los dones de tu pueblo, para que recibamos, por este sacramento celestial, aquello mismo que el fervor de nuestra fe nos mueve a proclamar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
PREFACIO X PARA LOS DOMINGOS DEL TIEMPO ORDINARIO
“EL DÍA DEL SEÑOR.”
℣. El señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espiritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El Santo Padre prosigue el prefacio, con las manos extendidas:
En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
SANTO
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA I O CANON ROMANO
El Santo Padre:
Te pedimos, Padre misericordioso, humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
que aceptes y bendigas estos ✠ dones, estas ofrendas santas y puras,
que te ofrecemos ante todo por tu Iglesia santa y católica;
para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
Conmigo, indigno siervo tuyo qué has puesto al frente de tu iglesia,
Con mi hermano N, obispo de esta arquidiócesis y todos los que fielmente cuidan de
la fe católica y apostólica.
CONCELEBRANTE 1:
Acuérdate, Señor, de tus hijos.
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
Y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
CONCELEBRANTE 2:
Reunidos en comunión con toda la Iglesia, para celebrar el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
El Santo Padre continua:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
El Santo Padre y los concelebrantes extienden las manos sobre las ofrendas, y dice:
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
Él cual la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió
℟. Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después el Santo Padre, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa
resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
El Santo Padre se inclina un poco y dice:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición
CONCELEBRANTE 3:
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
CONCELEBRANTE 4:
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,
Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
El Obispo:
Por Cristo, Señor nuestro.
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Santo Padre, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación y siguiendo sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
El Santo Padre, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Solo el Santo Padre, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, el diácono añade:
Dense fraternalmente la paz.
CORDERO DE DIOS
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El Santo Padre hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNIÓN
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Jn 10, 14)
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; y conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en la sede, el Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Santo Padre, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Santo Padre , con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
A quienes alimentas, Señor, con tus sacramentos, confórtanos con tu incesante ayuda, para que en estos misterios recibamos el fruto de la redención y la conversión de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tú espirítu .
El diácono dice:
Inclínense para recibir la bendición.
℣.Que el Dios de todo consuelo disponga los dias de ustdes en su paz y los llene de sus bendiciones
℟. Amén.
℣. Que los libre siempre de toda perturbación y afiance en su amor sus corazones.
℟. Amén.
℣. Que llenos de fe , esperanza y de caridad pasen por la vida haciendo el bien y puedan asi alcanzar la felicidad eterna.
℟. Amén.
℣. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, + Hijo, + y Espíritu + Santo, descienda sobre ustdes y permanezca para siempre.
Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
Glorifiquen al Señor con sus vidas, pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
Después el Santo Padre venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.
Al terminar el Santo Padre junto con el Arzobispo se retiran a un momento de oración al camarín de la Virgen de Guadalupe.