LIBRETO- MISA SOLEMNE IMPOSICIÓN DE SOLIDEO Y CRUZ PECTORAL A MONS ANTHONY GONZALEZ. 03/10/2026

 SANTA MISA SOLEMNE

Imposición de Solideo y Cruz Pectoral a Mons. Anthony Gonzalez

PRESIDE:
✠ EMMO. SR. MONS. ADRIAN CARD. ALDANA
ARZOBISPO METROPOLITANO

CATEDRAL METROPOLITANA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Arquidiócesis de Nuestra
Señora de Guadalupe

03 de octubre de 2026

RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA

El Cardenal:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.

 El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, este con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.


Hermanos, nos encontramos reunidos en la presencia de Dios para recibir con alegría a nuestro hermano, N., llamado por la Iglesia al ministerio episcopal.

El obispo, sucesor de los Apóstoles, recibe la misión de enseñar, santificar y gobernar al pueblo de Dios que le ha sido confiado. Los signos que ahora recibirá manifiestan visiblemente esta misión y le recuerdan que su ministerio debe estar siempre unido a Cristo, Pastor y Cabeza de la Iglesia.

Mons Antony dirije algunas palabras a los presentes.

El Cardenal:

Oremos. 

Bendito seas oh Dios que estableciste a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote del nuevo Testamento y escogiste a unos hombres para que fueran administradores de tus misterios; te pedimos que hagas que tu ministro use con reverencia y dignifique con su conducta estas insignias y vestiduras destinadas a las celebraciones sagradas y santificadas por tu bendición. Por Jesucristo nuestro Señor. ℟ Amén.

El Cardenal rocia con agua bendita las insignias y se las impone al obispo.

KYRIE

Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Cristo, ten piedad.
CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.

Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.



ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Cardenal, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el Cardenal, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Dios nuestro, que enseñaste a los ministros de tu iglesia a no buscar ser servidos, si no a servir a sus hermanos, concédeles disponibilidad en la entrega, mansedumbre en el servicio y perseverancia en la oración.
Por nuestro Señor Jesucristo tu hijo que vive contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Jer 3, 14-16)
Tu irás adonde yo te envíe

Lectura del libro del profeta Jeremías 

Vuelvan hijos rebeldes - Oraculo de Yavhe- por que yo soy su Señor. Los ire recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y los traere a Sión. Les dare pastores segun mi corazon que les des pasto de conocimiento y prudencia.

Y luego cuando sean muchos y se fructifiquen en la tierra, en aquellos dias -Oraculo del Yavhe-  no se hablara mas del arca de la alianza de Yavhe, no vendra en mientes, no se acordaran, ni ocuparan de ella, ni sera reconstruida jamas.
 
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
SALMO Dn 3, 52-56

℟.  Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad por todas las edades. 

Sellé una alianza con mi elegido jurando a David mi servidor, le fundaré un linaje que no terminará, tu trono mantendré eternamente. Encontré a David mi siervo y con óleo sagrado lo ungí, para que mi mano siempre permanezca con él y mi brazo lo haga valeroso. ℟.

Mi fidelidad y mi favor por siempre lo acompañarán y con mi nombre y mi gracia su poder crecerá, mantendré mi alianza eternamente. Él me invocará tu eres mi padre mi Dios mi roca salvadora y lo haré primogénito con todo el honor excelso entre los reyes de la tierra. ℟.




ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya, aleluya.
Io sono il buon pastore, dice il Signore, conosco le mie pecore e le mie pecore conoscono me 
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
(Mt 9, 36 – 10, 8)

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

✠ Lectura del Santo Evangelio según san Mateo.
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.



LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al Cardenal, a los con-celebrantes y al pueblo.

El Cardenal:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Padre santo, cuyo Hijo quiso lavar los pies a los discipulos para darnos ejemplo, recibe los dones que te presentamos y haz que al ofecernos como oblación espiritiual podamos crecer en el espiritu de humildad y entrega. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén. 
 PREFACIO
El sacerdocio de Cristo y ministerio de los sacerdotes

℣. El Señor esté con ustedes. 
℟. Y con tu espiritu. 

℣. Levantemos el corazon.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 
℟. Es justo y necesario.

El Cardenal prosigue el prefacio, con las manos extendidas:  
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Ya que, por la unción del Espíritu Santo,
constituiste a tu Unigénito
Pontífice de la alianza nueva y eterna,
y, en tu designio salvífico, has querido
que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia.

En efecto, Cristo no sólo confiere
la dignidad del sacerdocio real
a todo su pueblo santo,
sino que, con especial predilección,
elige a algunos de entre los hermanos,
y mediante la imposición de las manos,
los hace partícipes de su ministerio de salvación,
a fin de que renueven, en su nombre,
el sacrificio redentor,
preparen para tus hijos el banquete pascual,
fomenten la caridad en tu pueblo santo,
lo alimenten con la Palabra
lo fortifiquen con los sacramentos,
y, consagrando su vida a ti
y a la salvación de sus hermanos,
se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo
y te den un constante testimonio
de fidelidad y de amor.

Por eso, Señor, con todos los angeles y los santos, te alabamos, cantando llenos de alegria:
Santo, Santo, Santo....

SANTO


PLEGARIA EUCARÍSTICA III 
El Cardenal:
Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.

El cardenal y los concelebrantes:

Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,
de manera que se conviertan en el Cuerpo y
 la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó
celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser
entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

El Cardenal presenta la hostia consagrada al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus
discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE
ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE
DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR
MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS
PECADOS.HAGAN ESTO EN
CONMEMORACIÓN MÍA.

El Cardenal presenta el cáliz al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.

El Señor Cardenal
Éste es el Misterio de la fe.
R Anunciamos tu muerte,proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

El Cardenal y los concelebrantes:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

CONCELEBRANTE 1:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos
los santos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.

CONCELEBRANTE 2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Arzobispo N., al orden episcopal, a los presbiteros  y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. 
Atiende los deseos y suplicas de esta familia que has congregado a tu presencia, reune en torno a ti Padre misericordioso a todos tus hijos  dispersos por el mundo. De una manaera especial a este hijo tuyo N que lo has llamado a servirte en el orden Episcopal.
A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recibelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloira, por Cristo Señor nuestro por quien concedes al mundo todos los bienes.

El Cardenal y los concelebrantes:
Por Cristo, con el y en el, a ti,
Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo
honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
R. Amen.

RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Cardenal, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación y siguiendo sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Cardenal, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el Cardenal, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El Cardenal, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, el diácono añade: 
Dense fraternalmente la paz.


CORDERO DE DIOS
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz, Danos la Paz, danos la paz

El Cardenal hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

CANTO DE COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en la sede, el Cardenal, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Cardenal, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Cardenal, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Que este sacrificio eucaristico que te hemos ofrecido
y del cual hemos participado santifique, Señor a tus sacerdotes y a todos tus fieles, 
para que unidos a ti por un amor constante puedan servirte dignamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN


BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Cardenal, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 
 
Que Dios, que dirige y gobierna la iglesia
te proteja continuamente con gracia
a fin de que cumplas fielmente el ministerio episcopal.
R.Amen.

Que él te haga en el mundo servidor y testigo
de la verdad y del amor divino 
y ministro fiel de la reconciliación
R.Amen.

Que te haga verdadero pastor 
que distribuya a los fieles
la Palabra de la vida y el Pan vivo,
para que crezcan en la unidad del cuerpo de Cristo.
R.Amen.

Y a todos ustedes, los aquí presentes,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo , y Espíritu Santo.
R.Amen.
Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz, esta misa ha terminado
℟. Demos gracias a Dios.

Después el Cardenal venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.

ANTÍFONA MARIANA



CANTO DE SALIDA










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