LIBRETO - SANTA MISA CON RITO DE DEDICACION DE LA PARROQUIA DE SAN PEDRO APOSTOL 12/08/2026

 SANTA MISA SOLEMNE

Dedicación de la parroquia de San Pedro Apostol


PRESIDE:
EMMO. SR. MONS. ADRIAN CARD. ALDANA
ARZOBISPO METROPOLITANO


Parroquia de San Pedro Apostol
Arquidiócesis de Nuestra
Señora de Guadalupe

Miercoles 12 de agosto de 2026



Todos se congregan delante de la puerta de la Parroquia.

El Obispo: 
La gracia y la paz estén con todos ustedes, en la santa Iglesia de Dios.
℟. Y con tu espíritu.

El Obispo: 
Llenos de alegría, queridos hermanos, nos hemos reunido para dedicar una nueva iglesia, con la celebración del sacrificio del Señor. Participemos activamente, oigamos con fe la palabra de Dios, para que nuestra comunidad, renacida en la misma fuente bautismal y alimentad en la misma mesa, crezca para formar un templo espiritual y, reunida junto al mismo altar, aumente su amor cristiano.

El Obispo recibe la mitra y el báculo e invita al pueblo a entrar en la iglesia:
Entrad por las puertas del Señor con acción de gracias, por sus atrios con himnos.

Después, detrás del crucífero, el obispo y los demás entran en la iglesia.


BENDICIÓN Y ASPERSIÓN DEL AGUA 

El Obispo:
Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor esta casa, supliquémosle que bendiga esta agua, creatura suya, con la cual seremos rociados, en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual se purificarán los muros y el nuevo altar. Que el mismo Señor nos ayude con su gracia, para que, dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido, permanezcamos fieles en su Iglesia. 

Pausa de silencio.

El Obispo:
Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida,  que tanto amas a los hombres  que no sólo los alimentas con solicitud paternal, sino que los purificas del pecado con el rocío de la caridad  y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza;  y así has querido, en tu designio misericordioso,  que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal,  mueran con Cristo y resuciten inocentes,  sean hechos miembros suyos y coherederos del premio eterno;  santifica con tu bendición esta agua, creatura tuya,  para que, rociada sobre nosotros y sobre los muros de esta iglesia  sea señal del bautismo,  por el cual, lavados en Cristo,  llegamos a ser templos de tu Espíritu;  concédenos a nosotros  y a cuantos en esta iglesia celebrarán los divinos misterios  llegar a la celestial Jerusalén.  Por Jesucristo nuestro Señor. 
℟. Amén.

El Obispo rocía con agua bendita el altar. Seis ministros rocían con agua bendita los muros de la iglesia. Durante la aspersión se canta: 

Vidi aquam egredientem de templo, a latere dextro, alleluia
Et omnes, ad quos pervenit aqua ista Salvi facti sunt, et dicent alleluia, alleluia

El Obispo:
Dios, Padre de misericordia, esté presente en esta casa de oración y, con la gracia del Espíritu Santo, purifique a quienes somos templo vivo para su gloria. 
℟. Amén.

GLORIA


ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el Obispo, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Dios todopoderoso y eterno, derrama tu gracia sobre este lugar y socorre a cuantos en él te invocan; que el poder de tu palabra y de los sacramentos fortalezcan aquí el corazón de todos los fieles. Por nuestro Señor Jesucristo. 
℟. Amen.

LITURGIA DE LA PALABRA

Dos lectores se acercan al Obispo, uno de ellos lleva el leccionario de la misa, el Obispo de pie y con mitra toma el leccionario y dice: 
Resuene siempre en esta casa la palabra de Dios, para que conozcan el misterio de Cristo y se realice su salvación dentro de la Iglesia.
℟. Amén.

PRIMERA LECTURA

Leían el libro de la Ley, interpretando el sentido

Lectura del libro de Nehemías   8, 2-4a. 5-6. 8-10 

El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.
Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.
Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.
Los levitas exponían la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.
Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»
 
Verbum Domini.
℟. Deo gratias.

SALMO RESPONSORIAL
 18, 8-10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

℟. ¡Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida!

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. ℟.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos. ℟.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. ℟.

¡Ojalá sean de tu agrado
las palabras de mi boca,
y lleguen hasta ti mis pensamientos,
Señor, mi Roca y mi redentor ℟.


SEGUNDA LECTURA

Todo el edificio se eleva para constituir
un templo santo en el Señor

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso  2, 19-22

Hermanos:
Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor.
En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.

Verbum Domini.
℟. Deo gratias.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya, Aleluya, Aleluya.
Yo he elegido y consagrado esta Casa, a fin de que mi Nombre resida en ella para siempre.
Aleluya, Aleluya, Aleluya.
EVANGELIO
(Jn 2, 13-22)

Se refería al templo de su cuerpo
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

  Del Santo Evangelio según san Juan:
℟. Gloria a ti, señor.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.»
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?»
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.»
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILIA
Momento de silencio para la reflexión personal. 

 PROFESIÓN DE FE
Después de haber escuchado la homilía predicada por el Obispo, toda la asamblea canta la profesión de fe con la fórmula del símbolo llamado de nicea:

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado  en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria  para juzgar a vivos y muertos,  y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia,  que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.  


ORACIÓN LITÁNICA
El Obispo:
Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, quien de los corazones de los fieles ha hecho para sí templos espirituales, y juntemos nuestras voces con la súplica fraterna de los santos. 

El diácono dice:
Nos ponemos de rodillas.

Concluido el canto de las letanías, el Obispo, de pie, y con las manos extendidas, dice:
Te pedimos, Señor,  que, por la intercesión de la santa Virgen María  y de todos los santos,  aceptes nuestras súplicas,  para que este lugar que va a ser dedicado a tu nombre  sea casa de salvación y de gracia,  donde el pueblo cristiano,  reunido en la unidad,  te adore con espíritu y verdad  y se construya en el amor.  Por Jesucristo nuestro Señor. 
℟. Amen.

El diácono dice: 
Nos ponemos de pie. 

Y todos se ponen de pie.

Y todos se ponen de pie. 
El obispo vuelve a ponerse la mitra. 

COLOCACIÓN DE LAS RELIQUIAS.

  Si se van a colocar debajo del altar algunas reliquias de mártires o de otros santos, el obispo va al altar. Un diácono o un presbítero lleva las reliquias al obispo, quien las coloca en el sepulcro preparado para recibirlas. Mientras tanto, se canta una de las antífonas siguientes, con el salmo 14 (sin Gloria al Padre), u otro canto adecuado:  

ORACIÓN DE DEDICACIÓN
 Hecho lo anterior, el obispo, de pie y sin mitra, junto a la cátedra o junto al altar, dice en voz alta: 
Oh Dios, santificador y guía de tu Iglesia, celebramos tu nombre con alabanzas jubilosas, porque en este día tu pueblo quiere dedicarte, para siempre, con rito solemne, esta casa de oración, en la cual te honra con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos. 

Este edificio hace vislumbrar el misterio de la Iglesia, a la que Cristo santificó con su sangre, para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria, como Virgen excelsa por la integridad de la fe, y Madre fecunda por el poder del Espíritu. 

Es la Iglesia santa, la viña elegida de Dios, cuyos sarmientos llenan el mundo entero, cuyos renuevos, adheridos al tronco, son atraídos hacia lo alto, al reino de los cielos.

 Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres, el templo santo, construido con piedras vivas, sobre el cimiento de los Apóstoles, con Cristo Jesús como suprema piedra angular. 

Es la Iglesia excelsa, la Ciudad colocada sobre la cima de la montaña, accesible a todos, y a todos patente, en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero y resuena agradecido el cántico de los bienaventurados. 

Te suplicamos, pues, Padre santo, que te dignes impregnar con santificación celestial esta iglesia y este altar, para que sean siempre lugar santo y una mesa siempre lista para el sacrificio de Cristo. 

Que en este lugar el torrente de tu gracia lave las manchas de los hombres, para que tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida nueva. 

Que tus fieles, reunidos junto a este altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo. 

Que resuene aquí la alabanza jubilosa que armoniza las voces de los ángeles y de los hombres, y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo. 

Que los pobres encuentren aquí misericordia, los oprimidos alcancen la verdadera libertad, y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos, hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. 
℟. Amén.

UNCIÓN DEL ALTAR Y LOS MUROS
El Obispo se quita la casulla, se pone un gremial y se acerca al altar. Dice en voz alta:
El Señor santifique con su poder  este altar y esta casa que vamos a ungir,  para que expresen con una señal visible  el misterio de Cristo y de la Iglesia.

Luego vierte el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, y unge toda la mesa. 
Doce ministros ungen los muros de la iglesia, signando las doce cruces distribuidas en la nave. 

INCENSACIÓN DEL ALTAR Y DE LA IGLESIA
Se coloca sobre el altar un brasero con brasas encendidas para quemar incienso. El Obispo echa incienso en el brasero y dice:
Suba, Señor, nuestra oración como incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave olor, que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo

El Obispo pone incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego vuelve a la sede y es incensado. 

Otros ministros inciensan los muros de la iglesia y el pueblo.

ILUMINACIÓN DEL ALTAR Y DE LA IGLESIA
Terminada la incensación, se cubre el altar con un mantel, se colocan los 
candelabros con los cirios y se adorna el altar.

El Obispo entrega una vela encendida a un Diácono o concelebrante, 
diciendo:
Brille en la Iglesia la luz de Cristo 
para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad


LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO
El Obispo recibe las ofrendas del pan y del vino para el sacrificio. Luego se acerca al altar y lo besa, como primer signo de veneración al altar recién dedicado.

Después de la presentación de los dones, se suprime la incensación y se va directo al lavatorio de las manos.

El Obispo:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Que te sean gratos Señor, 
los dones de tu Iglesia gozosa,
para que en tu pueblo, reunido n esta csa santa,
obtenga, por esots misterios la salvacion eterna.
 Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amen. 

PREFACIO
El misterio del templo de Dios

℣. El señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espiritu.

℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

El Obispo prosigue el prefacio, con las manos extendidas:  

En verdad es justo y necesario
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Padre santo.


Tú has hecho del universo un templo de tu gloria,
para que tu nombre sea glorificado en todas partes;
pero, además, no desapruebas que te sean dedicados
lugares apropiados para celebrar los divinos misterios.
Por esta razón dedicamos a tu majestad, llenos de júbilo,
esta casa de oración,
edificada por el trabajo humano.


Aquí se prefigura el misterio del verdadero Templo
y se anuncia la imagen de la Jerusalén celestial.
Porque del Cuerpo de tu Hijo,
nacido de la Virgen fecunda,
tú hiciste un templo consagrado a ti,
donde habitara la plenitud de la divinidad.


Y además fundaste a la Iglesia santa como ciudad,
construida sobre el cimiento de los Apóstoles,
cuya suprema piedra angular es el mismo Jesucristo;
la cual ha de edificarse con piedras escogidas,
vivificadas por el Espíritu Santo,
y unidas por la caridad,
donde serás por siempre todo para todos,
y donde ha de brillar permanentemente la luz de Cristo.
Por él, Señor, junto con todos los ángeles y los santos,
te alabamos llenos de alegría, diciendo:
Santo, Santo, Santo ...



SANTO
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.  Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.  Hosanna. en el cielo.  Bendito el que viene en nombre del Señor.  Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

El Señor Obispo:
Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.

El cardenal y los concelebrantes:

Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,
de manera que se conviertan en el Cuerpo y
 la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó
celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser
entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

El Señor Obispo presenta la hostia consagrada al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus
discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE
ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE
DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR
MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS
PECADOS.HAGAN ESTO EN
CONMEMORACIÓN MÍA.

El Señor Obispo presenta el cáliz al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.

El Señor Cardenal
Éste es el Misterio de la fe.
R Anunciamos tu muerte,proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

El Cardenal y los concelebrantes:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

Concelebrante 1:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos
los santos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.

Concelebrante 2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Arzobispo N., al orden episcopal, a los presbiteros y a estos hijos tuyos que han sido ordenados ministros de la iglesia y a los demas diaconos a todo el pueblo redimido por ti. 
Atiende los deseos y suplicas de esta familia que te dedica esta iglesia; concedele qe sea casa de salvación y santuario de los sacramentos celestiales en donde resuene el Evangelio de la paz y se celebren los santos misterios a fin de que tus fieles, iluminados con la palabra de vida y con tu gracia peregrinen de tal modo por la ciudad terrena, que merezcan llegar a la Jerusalen celestial, en la que tu , Padre misericordioso , reunes en torno a ti a todos tus hijos  dispersos por el mundo.
 A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recibelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloira, por Cristo Señor nuestro por quien concedes al mundo todos los bienes.

El Señor Obispo y los concelebrantes:
Por Cristo, con el y en el, a ti,
Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo
honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
R. Amen.
RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación y siguiendo sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, el diácono añade: 
Dense fraternalmente la paz.

CORDERO DE DIOS


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,  ten piedad de nosotros. 

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,  ten piedad de nosotros. 

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,  danos la paz. 

El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.


CANTO DE COMUNIÓN




ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en la sede, el Obispo, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
 
Y todos, junto con el Obispo, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Por estos santos misterios que hemos recibido,
aumenta, Señor,
en nosotros el conocimiento de tu verdad para que te adoremos siempre en el templo santo de tu gloria y gocemos de tu presencia con todos los santo.
℟. Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN

PALABRAS FINALES

BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 
 
Dios, Señor del cielo y de la tierra, 
que los ha congregado hoy para la dedicación de esta iglesia, 
multiplique sobre ustedes las bendiciones del cielo. 
R.Amen.

Él, que quiso reunir en su Hijo a todos los hijos dispersos, 
haga de ustedes templo suyo y morada del Espíritu Santo.
R.Amen.

Para que así, felizmente purificados de toda mancha, 
puedan tener en ustedes a Dios como huésped y poseer,
 con todos los santos, 
la herencia de la eterna dicha. 
la heredad del reino eterno. 
R.Amen.

Y la bendición de Dios todopoderoso, 
Padre, Hijo , y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca siempre. 
R.Amen.
Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz, esta misa ha terminado
℟. Demos gracias a Dios.

Después el Obispo venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.



CANTO DE SALIDA


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