HOMILIA
Momento de silencio para la reflexión personal.
PROFESIÓN DE FE
Después de haber escuchado la homilía predicada por el Obispo, toda la asamblea canta la profesión de fe con la fórmula del símbolo llamado de nicea:
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
ORACIÓN LITÁNICA
El Obispo:
Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, quien de los corazones de los fieles ha hecho para sí templos espirituales, y juntemos nuestras voces con la súplica fraterna de los santos.
El diácono dice:
Nos ponemos de rodillas.
Concluido el canto de las letanías, el Obispo, de pie, y con las manos extendidas, dice:
Te pedimos, Señor, que, por la intercesión de la santa Virgen María y de todos los santos, aceptes nuestras súplicas, para que este lugar que va a ser dedicado a tu nombre sea casa de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, reunido en la unidad, te adore con espíritu y verdad y se construya en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amen.
El diácono dice:
Nos ponemos de pie.
Y todos se ponen de pie.
Y todos se ponen de pie.
El obispo vuelve a ponerse la mitra.
COLOCACIÓN DE LAS RELIQUIAS.
Si se van a colocar debajo del altar algunas reliquias de mártires o de otros santos, el obispo va al altar. Un diácono o un presbítero lleva las reliquias al obispo, quien las coloca en el sepulcro preparado para recibirlas. Mientras tanto, se canta una de las antífonas siguientes, con el salmo 14 (sin Gloria al Padre), u otro canto adecuado:
ORACIÓN DE DEDICACIÓN
Hecho lo anterior, el obispo, de pie y sin mitra, junto a la cátedra o junto al altar, dice en voz alta:
Oh Dios, santificador y guía de tu Iglesia, celebramos tu nombre con alabanzas jubilosas, porque en este día tu pueblo quiere dedicarte, para siempre, con rito solemne, esta casa de oración, en la cual te honra con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos.
Este edificio hace vislumbrar el misterio de la Iglesia, a la que Cristo santificó con su sangre, para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria, como Virgen excelsa por la integridad de la fe, y Madre fecunda por el poder del Espíritu.
Es la Iglesia santa, la viña elegida de Dios, cuyos sarmientos llenan el mundo entero, cuyos renuevos, adheridos al tronco, son atraídos hacia lo alto, al reino de los cielos.
Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres, el templo santo, construido con piedras vivas, sobre el cimiento de los Apóstoles, con Cristo Jesús como suprema piedra angular.
Es la Iglesia excelsa, la Ciudad colocada sobre la cima de la montaña, accesible a todos, y a todos patente, en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero y resuena agradecido el cántico de los bienaventurados.
Te suplicamos, pues, Padre santo, que te dignes impregnar con santificación celestial esta iglesia y este altar, para que sean siempre lugar santo y una mesa siempre lista para el sacrificio de Cristo.
Que en este lugar el torrente de tu gracia lave las manchas de los hombres, para que tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida nueva.
Que tus fieles, reunidos junto a este altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo.
Que resuene aquí la alabanza jubilosa que armoniza las voces de los ángeles y de los hombres, y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo.
Que los pobres encuentren aquí misericordia, los oprimidos alcancen la verdadera libertad, y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos, hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
UNCIÓN DEL ALTAR Y LOS MUROS
El Obispo se quita la casulla, se pone un gremial y se acerca al altar. Dice en voz alta:
El Señor santifique con su poder este altar y esta casa que vamos a ungir, para que expresen con una señal visible el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Luego vierte el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, y unge toda la mesa.
Doce ministros ungen los muros de la iglesia, signando las doce cruces distribuidas en la nave.
INCENSACIÓN DEL ALTAR Y DE LA IGLESIA
Se coloca sobre el altar un brasero con brasas encendidas para quemar incienso. El Obispo echa incienso en el brasero y dice:
Suba, Señor, nuestra oración como incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave olor, que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo
El Obispo pone incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego vuelve a la sede y es incensado.
Otros ministros inciensan los muros de la iglesia y el pueblo.
ILUMINACIÓN DEL ALTAR Y DE LA IGLESIA
Terminada la incensación, se cubre el altar con un mantel, se colocan los
candelabros con los cirios y se adorna el altar.
El Obispo entrega una vela encendida a un Diácono o concelebrante,
diciendo:
Brille en la Iglesia la luz de Cristo
para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad
LITURGIA EUCARÍSTICA
CANTO DE OFERTORIO
El Obispo recibe las ofrendas del pan y del vino para el sacrificio. Luego se acerca al altar y lo besa, como primer signo de veneración al altar recién dedicado.
Después de la presentación de los dones, se suprime la incensación y se va directo al lavatorio de las manos.
El Obispo:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:
Que te sean gratos Señor,
los dones de tu Iglesia gozosa,
para que en tu pueblo, reunido n esta csa santa,
obtenga, por esots misterios la salvacion eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amen.
PREFACIO
El misterio del templo de Dios
℣. El señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espiritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El Obispo prosigue el prefacio, con las manos extendidas:
En verdad es justo y necesario
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Padre santo.
Tú has hecho del universo un templo de tu gloria,
para que tu nombre sea glorificado en todas partes;
pero, además, no desapruebas que te sean dedicados
lugares apropiados para celebrar los divinos misterios.
Por esta razón dedicamos a tu majestad, llenos de júbilo,
esta casa de oración,
edificada por el trabajo humano.
Aquí se prefigura el misterio del verdadero Templo
y se anuncia la imagen de la Jerusalén celestial.
Porque del Cuerpo de tu Hijo,
nacido de la Virgen fecunda,
tú hiciste un templo consagrado a ti,
donde habitara la plenitud de la divinidad.
Y además fundaste a la Iglesia santa como ciudad,
construida sobre el cimiento de los Apóstoles,
cuya suprema piedra angular es el mismo Jesucristo;
la cual ha de edificarse con piedras escogidas,
vivificadas por el Espíritu Santo,
y unidas por la caridad,
donde serás por siempre todo para todos,
y donde ha de brillar permanentemente la luz de Cristo.
Por él, Señor, junto con todos los ángeles y los santos,
te alabamos llenos de alegría, diciendo:
Santo, Santo, Santo ...
SANTO
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna. en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El Señor Obispo:
Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.
El cardenal y los concelebrantes:
Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,
de manera que se conviertan en el Cuerpo y
la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó
celebrar estos misterios.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser
entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
El Señor Obispo presenta la hostia consagrada al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus
discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE
ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE
DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR
MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS
PECADOS.HAGAN ESTO EN
CONMEMORACIÓN MÍA.
El Señor Obispo presenta el cáliz al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.
El Señor Cardenal
Éste es el Misterio de la fe.
R Anunciamos tu muerte,proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
El Cardenal y los concelebrantes:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Concelebrante 1:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos
los santos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.
Concelebrante 2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Arzobispo N., al orden episcopal, a los presbiteros y a estos hijos tuyos que han sido ordenados ministros de la iglesia y a los demas diaconos a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y suplicas de esta familia que te dedica esta iglesia; concedele qe sea casa de salvación y santuario de los sacramentos celestiales en donde resuene el Evangelio de la paz y se celebren los santos misterios a fin de que tus fieles, iluminados con la palabra de vida y con tu gracia peregrinen de tal modo por la ciudad terrena, que merezcan llegar a la Jerusalen celestial, en la que tu , Padre misericordioso , reunes en torno a ti a todos tus hijos dispersos por el mundo.
A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recibelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloira, por Cristo Señor nuestro por quien concedes al mundo todos los bienes.
El Señor Obispo y los concelebrantes:
Por Cristo, con el y en el, a ti,
Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo
honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
R. Amen.