LIBRETO- MISA SOLEMNE IMPOSICIÓN DE SOLIDEO Y CRUZ PECTORAL A MONS PEDRO ORTIZ. 10/10/2026

  SANTA MISA SOLEMNE

Imposición de Solideo y Cruz Pectoral a Mons. Pedro Ortiz


PRESIDE:
✠ EMMO. SR. MONS. ADRIAN CARD. ALDANA
ARZOBISPO METROPOLITANO

INSIGNE NACIONAL BASILICA  DE GUADALUPE
Arquidiócesis de Nuestra
Señora de Guadalupe

10 de octubre de 2026

RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA

El Cardenal:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.

 El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, este con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.


Hermanos, nos encontramos reunidos en la presencia de Dios para recibir con alegría a nuestro hermano, N., llamado por la Iglesia al ministerio episcopal.

El obispo, sucesor de los Apóstoles, recibe la misión de enseñar, santificar y gobernar al pueblo de Dios que le ha sido confiado. Los signos que ahora recibirá manifiestan visiblemente esta misión y le recuerdan que su ministerio debe estar siempre unido a Cristo, Pastor y Cabeza de la Iglesia.

Mons Pedro dirije algunas palabras a los presentes.

El Cardenal:

Oremos. 

Bendito seas oh Dios que estableciste a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote del nuevo Testamento y escogiste a unos hombres para que fueran administradores de tus misterios; te pedimos que hagas que tu ministro use con reverencia y dignifique con su conducta estas insignias y vestiduras destinadas a las celebraciones sagradas y santificadas por tu bendición. Por Jesucristo nuestro Señor. ℟ Amén.

El Cardenal rocia con agua bendita las insignias y se las impone al obispo.

SOLIDEO

Recibe este solideo, signo de tu consagración y de tu servicio episcopal.Que al cubrir tu cabeza recuerde que todo pensamiento, palabra y decisión de tu ministerio deben someterse a Cristo, Cabeza de la Iglesia. Que nunca busques tu propia gloria, sino únicamente la gloria de Dios y el bien de su pueblo.

CRUZ PECTORAL

Recibe esta cruz pectoral, signo de Cristo que has sido llamado a anunciar y de cuya cruz debes participar en tu ministerio.Llévala sobre tu pecho como memoria constante de Aquel que entregó su vida por sus ovejas.Que esta cruz te recuerde que el obispo está llamado a ser servidor de todos, llevando con paciencia las cargas de su pueblo y anunciando con valentía el Evangelio.

KYRIE

Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Cristo, ten piedad.
CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.

Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.



ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Cardenal, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el Cardenal, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el el Cardenal, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Dios nuestro, que enseñaste a los ministros de tu iglesia a no buscar ser servidos, si no a servir a sus hermanos, concédeles disponibilidad en la entrega, mansedumbre en el servicio y perseverancia en la oración.
Por nuestro Señor Jesucristo tu hijo que vive contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(2 Tim 4, 1-5.)

Cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo. 

Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio..
 
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 22

℟.  El Señor es mi pastor, nada me falta. 

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. ℟.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. ℟.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. ℟.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término. ℟.




ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor -dice el Señor-, conozco a mis ovejas, y las mías me conocen.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
(Jn 10, 11-16.)

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

✠ Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús:
« Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor».

℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.



LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al Cardenal, a los con-celebrantes y al pueblo.

El Cardenal:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Padre santo, cuyo Hijo quiso lavar los pies a los discipulos para darnos ejemplo, recibe los dones que te presentamos y haz que al ofecernos como oblación espiritiual podamos crecer en el espiritu de humildad y entrega. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén. 
 PREFACIO
El sacerdocio de Cristo y ministerio de los sacerdotes

℣. El Señor esté con ustedes. 
℟. Y con tu espiritu. 

℣. Levantemos el corazon.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 
℟. Es justo y necesario.

El Cardenal prosigue el prefacio, con las manos extendidas:  
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Ya que, por la unción del Espíritu Santo,
constituiste a tu Unigénito
Pontífice de la alianza nueva y eterna,
y, en tu designio salvífico, has querido
que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia.

En efecto, Cristo no sólo confiere
la dignidad del sacerdocio real
a todo su pueblo santo,
sino que, con especial predilección,
elige a algunos de entre los hermanos,
y mediante la imposición de las manos,
los hace partícipes de su ministerio de salvación,
a fin de que renueven, en su nombre,
el sacrificio redentor,
preparen para tus hijos el banquete pascual,
fomenten la caridad en tu pueblo santo,
lo alimenten con la Palabra
lo fortifiquen con los sacramentos,
y, consagrando su vida a ti
y a la salvación de sus hermanos,
se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo
y te den un constante testimonio
de fidelidad y de amor.

Por eso, Señor, con todos los angeles y los santos, te alabamos, cantando llenos de alegria:
Santo, Santo, Santo....

SANTO


PLEGARIA EUCARÍSTICA III 
El Cardenal:
Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.

El cardenal y los concelebrantes:

Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,
de manera que se conviertan en el Cuerpo y
 la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó
celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser
entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

El Cardenal presenta la hostia consagrada al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus
discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE
ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE
DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR
MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS
PECADOS.HAGAN ESTO EN
CONMEMORACIÓN MÍA.

El Cardenal presenta el cáliz al pueblo y hace
una genuflexión en adoración.

El Señor Cardenal
Éste es el Misterio de la fe.
R Anunciamos tu muerte,proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

El Cardenal y los concelebrantes:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

CONCELEBRANTE 1:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Santa María de Guadalupe, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos
los santos, por cuya intercesión confiamos obtener
siempre tu ayuda.

CONCELEBRANTE 2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa N., a nuestro Arzobispo N., al orden episcopal, a los presbiteros  y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. 
Atiende los deseos y suplicas de esta familia que has congregado a tu presencia, reune en torno a ti Padre misericordioso a todos tus hijos  dispersos por el mundo. De una manaera especial a este hijo tuyo N que lo has llamado a servirte en el orden Episcopal.
A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recibelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloira, por Cristo Señor nuestro por quien concedes al mundo todos los bienes.

El Cardenal y los concelebrantes:
Por Cristo, con el y en el, a ti,
Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo
honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
R. Amen.

RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Cardenal, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación y siguiendo sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Cardenal, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el Cardenal, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El Cardenal, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, el diácono añade: 
Dense fraternalmente la paz.


CORDERO DE DIOS
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz, Danos la Paz, danos la paz

El Cardenal hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

CANTO DE COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en la sede, el Cardenal, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Cardenal, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Cardenal, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Que este sacrificio eucaristico que te hemos ofrecido
y del cual hemos participado santifique, Señor a tus sacerdotes y a todos tus fieles, 
para que unidos a ti por un amor constante puedan servirte dignamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN


BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Cardenal, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 
 
Que Dios, que dirige y gobierna la iglesia
te proteja continuamente con gracia
a fin de que cumplas fielmente el ministerio episcopal.
R.Amen.

Que él te haga en el mundo servidor y testigo
de la verdad y del amor divino 
y ministro fiel de la reconciliación
R.Amen.

Que te haga verdadero pastor 
que distribuya a los fieles
la Palabra de la vida y el Pan vivo,
para que crezcan en la unidad del cuerpo de Cristo.
R.Amen.

Y a todos ustedes, los aquí presentes,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo , y Espíritu Santo.
R.Amen.
Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz, esta misa ha terminado
℟. Demos gracias a Dios.

Después el Cardenal venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.

ANTÍFONA MARIANA



CANTO DE SALIDA

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